"Tal vez el Edén, como lo quieren por ahí, sea la proyección mitopoyética de los buenos ratos fetales que perviven en el inconsciente. " Así habló Cortázar.

07 mayo 2012

No es tonta, lee al revés


Lucía Etxebarría no sabe leer o lee al revés. Digo esto porque quiero ser benévolo y no decir que es analfabeta o tonta, aunque este último adjetivo lucha entre mis dedos al teclear para atribuírsele como el que mejor le queda ¿Es posible que una escritora no sepa leer o que, en el mejor de los casos, lea al revés? Es posible, la serie de apariciones y/o declaraciones suyas en la red lo sugieren o, en verdad, lo gritan a los cuatro vientos.
En su cuenta de Facebook informó que no publicará más sus libros ya que se ha asesorado y llegó a la conclusión de que se piratean muchísimas copias más de sus textos de las que se venden de forma legal. A estas declaraciones respondieron de manera certera, entre otros,  Hernan Casciari y Enrique Dans.
Uno y otro escritor le dicen que no sabe leer o que está leyendo al revés: la cantidad de descargas no tiene relación proporcional alguna con (no atentan contra) la cantidad de libros legalmente vendidos; ambos la invitan a publicar sus libros en la red, maniobra que de seguro incrementará sus ventas. Dans además le sugiere que es poco serio criticar a los piratas que descargan sus libros, ya que algunos de ellos son sus lectores, en algunos casos después o antes de descargar su libro de la red lo comprarán, pero sobre todo carece de seriedad la acusación de piratería de parte de alguien que en dos ocasiones ha sido acusada (en ambos casos la acusación se resolvió como cierta) de plagio. Ambos escritores finalmente le indican que si su situación económica, su beneficio de las ventas de los libros está siendo tan desfavorable hasta el punto de llevarla a la triste decisión de dejar de publicar, le comentan digo, que revise los desfavorables contratos que firma con las editoriales.

Recién escuché en una entrevista a Eduardo Galeano una anécdota del escritor uruguayo en Suecia, que en una visita al país escandinavo se subió a un taxi en el aeropuerto de Estocolmo para ir a la ciudad, cuando el viaje terminó el taxista bajó del coche, quitó su maleta del maletero, se la entregó y le cobró allí, fuera del vehículo, Galeano se fue indignado por la muestra de sumisión y servilismo excesivo del trabajador en un país socialista, y cuando se reunió con sus amigos nativos se los comentó, aún con indignación. Sus amigos le explicaron que la acción del taxista justamente se debía a una ley socialista que bogaba por la salud del trabajador que en un empleo tan sedentario como aquel necesitaba para su beneficio físico descender del taxi en cada viaje. Galeano descubrió en ese momento que había leído al revés.

Esta semana con motivo de Sant Jordi 2012 Etxebarría se trasladó a la cuidad de Barcelona para firmar los libros que le compraron o le comprarán sus lectores, muchos de ellos piratas, muchos de ellos se asombraron al verla en la fiesta en la que se celebra la leyenda del libro, la flor y el dragón, la feria en la que las editoriales aprovechan para exprimir la fecha de ventas más suculenta, en esta fiesta se reúnen una inmensa cantidad de escritores que deciden publicar y vender sus libros y, oh sorpresa, Lucía quiso estar ahí firmando. Pero el último sábado sufrió una caída que le afectó dos dedos de ambas manos, se trasladó al Hospital de Sant Pau pero allí, por los recortes, no pudieron atenderla, por lo que no ha podido firmar, pero como Lucía (si bien no sabe leer o lee al revés) es portadora de ironía y espontaneidad inigualables, declaró con brillantez saliendo del paso y criticando duramente a los responsables de los recortes, que son los mismos que ella apoya en su postura por la aprobación de la ley Sinde, y dijo: "No podré firmar por los recortes. No ves la magnitud de estas medidas hasta que te toca. Tendré que conformarme con dar besos a mis lectores."
Desde varios sectores se le ha criticado a Lucía Etxebarría su constante uso de la doble moral, ya que además de contradecirse a cada paso no es descabellado creer que todas estas declaraciones y apariciones se deban a un intento de llamar la atención y de este modo incrementar sus ventas, a esto la escritora valenciana respondió: "Me llenaron el correo y el perfil de insultos, como puede uno beneficiarse recibiendo insultos". Por eso, Lucía no es tonta, es más, tiene un don, una habilidad, es especial, hace algo que es muy difícil, Lucía lee al revés.

20 abril 2012

La lógica de la contradicción

La suma de algunas contradicciones supone algunos resultados lógicos.



El gobierno español, los dirigentes españoles, quienes deberían decidir el destino de España, desde hace tiempo están entreverados en un cúmulo de contradicciones y, como es lógico, la población, quienes los votan y les pagan los salarios, están sufirendo las consecuencias.

13 abril 2012

Crisis y Oportunidad, etimológicamente maniatados

Mucho se ha dicho sobre que la crisis, según la etimología de la palabra, nos remite al término oportunidad. De algún modo esto es cierto, ya que en realidad crisis proviene del griego κρίσις (krisis), que a su vez proviene del verbo κρίνειν (krínein) que significa separar o analizar o decidir. De allí que la crisis nos obliga a pensar, a analizar y reflexionar utilizando un buen criterio, lo que nos pondría ante un momento oportuno para el cambio. Yo creo que más allá de la relación etimológica entre las palabras crisis y oportunidad hay ahí una utilización positivista de esa relación, que es real, pero que dicho por un amigo o por un contacto de Facebook creo que actúa como un "Vamos, más bajo no se puede caer, dale para adelante", seguido de un par de palmadas en el hombro, es decir se usa el mal momento (la crisis) para motivar la levantada (para promover la oportunidad).

Siguiendo el mismo razonamiento, pero en un sentido totalmente opuesto, es decir haciendo un uso negativista, los gobiernos y el sector empresarial utilizan estas mismas variables, crisis y oportunidad. Un gobierno, pongamos por caso el gobierno español de Mariano Rajoy, hace uso del termino y principalmente del concepto Crisis (así con mayúscula) para justificar todo tipo de acción y se ampara en esa palabra y en esa idea para dar pie a toda una serie de medidas coercitivas, recortes que faciliten su dominación. No hace falta dar ejemplos de este accionar.

Las empresas por su parte, de igual manera, usan la crisis para generar el fantasma que incrementa el beneficio que les suponen las medidas gubernamentales de recorte de los derechos de los trabajadores. Es decir que si yo soy propietario de una gran empresa (tampoco hacen falta nombres aqui) que en los últimos tres o cuatro años (los que vivimos oficialmente en crisis) he venido incrementando mis beneficios (porque sabemos que las grandes empresas no han perdido durante la crisis sino más bien lo contrario), minimizo costos porque las reformas de las leyes laborales así lo han dispuesto y, como si esto fuera poco, tengo plantillas de empleados temerosos ante el fantasma de la crisis. Así, yo empresario, estoy frente a una gran oportunidad.

Entonces queda claro que la etimología, la ciencia que estudia el origen de las palabras, no se relaciona sólo con la filología, sino que también atiende al analisis de la lingüistica histórica, es decir que hace caso al origen de las palabras y a las acciones de los pueblos relacionadas con esas palabras.
Así nos encontramos con que Crisis y Oportunidad son términos que sí están intimamente relacionados, y nos enfrentamos además con una realidad: Las crisis significan grandes oportunidades para unos pocos, esos pocos tienen mucho poder y harán todo lo posible para que esto siga así.



10 abril 2012

Caballeresco pacto de no caballeros

El delegado del Osasuna avisó en el vestuario del Athletic hace unas semanas: "Digale a Bielsa que no tiraremos fuera los balones cuando un jugador contrario caiga lesionado, salvo que sea claramente verdadero".
En el fútbol como en la vida los vacíos legales auspician suspicacias y picardías.
Cómo saber si el jugador caído realmente se ha lesionado o está especulando para sacar ventajas. Este es una escena que se repite cada vez con más asiduidad en el fútbol de todas las latitudes ¿El árbitro debe detener el juego según su interpretación? ¿El equipo que tiene el balón en su poder debe patearlo afuera?
En este aspecto el Fair Play se ha erigido como una regla tácita, como una ley borrosa, y sabido es que en cuanto se hace la ley la trampa empieza a ser mentada.
No dudo de la honestidad de muchos jugadores y técnicos en este tipo de acción, pero tampoco dudo de la falta de honestidad de muchos otros en este mismo tipo de jugada ¿Cómo se resuelve?
El equipo navarro que milita en la primera división española llego a una resolución, y así se lo comunicó a su rival minutos antes de que empiece el juego. Sin lugar a dudas, una caballeresca forma de presentar las credenciales de la no caballerosidad. El que avisa no es traidor.

El Mito (así con mayúscula)

El viernes pasado la fe sobrepobló las calles de Barcelona. Bueno, al menos abarrotó la calle Ferrán desde la plaza Sant Jaume casi hasta el cruce con las Ramblas. El Mito (así con mayúscula) invita a celebrar la muerte todos los viernes santos, de ser posible a las tres de la tarde. La imagén paraliza la celebración en la hora 20, cientos de fieles recuerdan en silencio la pasión del profeta, predicador, maestro, carpintero. Asimismo los feligreses guardan ayuno y se abstienen de comer carne como penitencia. En los rostros de algunos de los que asistieron a la celebración me pareció notar cierto temor de que el mito se cumpliera, que Jesús resucitase e hiciera un recorrido, real o a través de internet, por el panorama en el que se encuentran sus fieles, por el patrimonio (debe y haber) que presenta su Iglesia, me pareció ver que esas caras de temor mutaban hacia el pánico, pobre cristiano, me pareció que dijo alguno.
 De todas las procesiones que presencié la que más me impactó siempre fue la de la iglesia de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, allí se acercan todos los años miles de fieles (cristianos y no cristianos) a pedir o agradecer al patrono del trabajo. En España ya va siendo hora de llamar a la escena al santo tan mentado en otros lares. Para quienes no lo saben el Padre de la providencia recibe los días 7 de agosto de cada año las peticiones de empleo. Favor de respetar el orden de llegada.



04 abril 2012

Caño, taco, gambeta y pasión.

Actualmente en el fútbol argentino convergen dos (o tres) fenómenos que, de la mano, le aportan (o devuelven) autenticidad a un deporte cada vez menos auténtico. Por un lado la tendencia al retorno de jugadores luego de su paso (en su mayoría fugaz e intrascendente) por el fútbol europeo; por el otro, la modificación de los calendarios (creación de la Copa Argentina, un torneo federal aunque no muy popular que intenta imitar la Copa del Rey española y la especulación sobre la necesidad de implementar un nuevo Torneo federal de primera división) y la decadencia de los grandes clubes del fútbol local, cuyo símbolo mayor es sin duda el descenso de River.


El primer caso puede subdividirse, a su vez, en dos grupos. El primer grupo (los menos) lo conforman aquellos jugadores que se desempeñaron durante años (con mayor o menor gloria) en clubes de Europa y que, en el ocaso de su carrera, deciden retirarse en el club de sus amores, o bien en la institución que los vio crecer (para lo cual muchos de ellos, de los jugadores, deciden inventarse una falsa afición por ese club, cuando en realidad los sabios y memoriosos recuerdan que sienten amor por otra camiseta), o simplemente en el club que mejor les pague (ejemplos: Ayala, Almeyda, Milito, etc.); el segundo grupo (claramente el más numeroso) lo componen jóvenes jugadores que tuvieron un buen torneo y fueron rápidamente vendidos para "sanear" deudas del club, a algunos de ellos les bastó con jugar bien cuatro o cinco partidos, en otros casos ni siquiera alcanzaron a debutar en primera, y en otros simplemente entraron en la negociación del pase de otro jugador, o en un pack de jóvenes promesas, terminaron jugando en Ucrania o en Qatar y volvieron a los quince minutos (en la temporada 09/10 fueron transferidos al exterior casi 1.800 jugadores argentinos).

El segundo caso, la modificación de los calendarios y la decadencia de los grandes, que bien podría verse el primero como consecuencia del segundo, tampoco queda exento de maniobras dialécticas ni dobles morales. Cierto es que con el descenso de River la segunda categoría ganó protagonismo, y que los equipos de la B Nacional comenzaron a ganar planos, participaciones mediáticas inéditas e inesperadas históricamente, pero vayan ustedes a explicarle Passarella, Aguilar, Israel, Ramón Diaz, Grinberg (and many others) al socio vitalicio número 130 de la institución de Nuñez, o a cada uno de los que piensan y sienten que la camiseta no desciende, que River está prestigiando la BN, o que expliquen los responsables de la decadencia de San Lorenzo y del resto de los grandes el deambular de sus equipos por las lindes de los fatales promedios.
La consecuente creación de la Copa Argentina (en la que cualquiera puede jugar contra cualquiera, de los creadores del Fútbol para Todos) y la especulación sobre la aparición de un nuevo torneo de primera división (38 equipos, todos contra todos, nivelando a los equipos de primera con los de la actual BN) va sin dudas en la misma línea: No importan los méritos deportivos e institucionales de los clubes que disputan las distintas categorías, importa, como siempre, el negocio, y con el monopolio del poder en las mismas manos de siempre y la impunidad total de esas manos para hacer y deshacer reglamentos, leyes y tradiciones con el fin de salvar, cueste lo que cueste, el negocio, éste seguirá siendo para esas pocas manos.


¿Cómo es, entonces, que estos dos fenómenos (el "Retorno" y la "Decadencia y Reformulación") le aportan o devuelven cierta autenticidad al fútbol local si, por lo dicho, queda claro que uno y otro son consecuencias de la corrupción, las malas gestiones y la desvirtuación de este deporte en nuestro país?
Lo cierto es que si lo hacen, es decir si autentifican el fútbol, es en el sentido más poético e intrascendente que pueden hacerlo. 


De muy chico, desde los seis hasta los doce años, jugué al fútbol en una sociedad de fomento de mi barrio, de nombre Irupé, jugábamos en la liga del Oeste y nos enfrentábamos a todos los equipos de la zona oeste del Gran Buenos Aires, siempre (al menos en mi categoría) con muy buenos resultados, de seis torneos que disputamos ganamos cinco y en el restante quedamos terceros. Entonces la sociedad de fomento pasó a formar parte de la la Liga Argentina. No jugábamos con equipos de otras provincias, pero sí con equipos de los distintos puntos del conurbano bonaerense, los campeones sí que, en otra instancia, jugaban fases regionales y por fin la gran final nacional, pero nuestra participación en la liga Argentina, a diferencia de lo logrado en la del Oeste, fue más bien tirando a mala. Es decir que habíamos ascendido, jugábamos a otro nivel, pero también nuestro nivel en la tabla de posiciones era otro bien distinto. 
No sé mis compañeros, pero en mi caso, aunque ya no levantaba trofeos de campeón, ahora jugaba frente a pibes que eran verdaderos cracks, a algunos de ellos pude verlos más tarde por la tele jugando para equipos de primera, a otros los pude ver en los diarios en transferencias a clubes de Tailandia para salvar los números de su club.
Y a esa mixtura (producto de esos dos fenómenos a los que me refiero más arriba) que me trasladó a esa otra mezcla de sentimientos que me produjo en mi infancia el ascenso de liga con mi equipo Irupe, es a lo que me quiero referir con una lírica devolución de autenticidad al fútbol. Yo pasé a cambiarme en vestuarios de mejor nivel, a ver como ahora eran electrónicos los carteles que contaban los goles (aunque fueran del contrario). Y aquí y ahora el presidente del club que enfrenta a River (que cuenta con un campeón del mundo que regala detalles propios de tal) explica en los principales medios cómo se ilusiona con hacer historia desde su lubricentro de Merlo, o el arquero de un humilde equipo cordobés cuenta sus sensaciones a la hora de enfrentar a equipos como Lanus (que también cuenta con un campeón del mundo que suele regalarnos detalles propios de un carnicero desquiciado). El remisero habilidoso y la estrella internacional, el mega estadio y el tablón del potrero. 
Mixturas que, pese a sus turbias procedencias, iluminan fugazmente algún balón. Si total en el fondo, y cada vez más en el fondo, el fútbol es simple y bello y se reduce al caño, taco, gambeta y pasión. 


02 abril 2012

Colores que se respiran


Cuando mi barrio se viste de colores me dejo caer en la calle, me deslizo en el pavimento, sí, porque en mi barrio hay mucho cemento. Era un pueblo, y con el tiempo... porque dicen que el tiempo todo lo empuja. Bueno, a mi barrio, que era un pueblo, el tiempo lo empujó, o tal vez se quedó quietecito viendo como todo el resto avanzaba hacia los cuatro puntos (sí, los cuatro, porque hacia el este también avanzó en forma de majestuosos hoteles) y al oeste, el resto, encastró con mi barrio, que era un pueblo, como una pieza de tetris. Y así quedó, con mucho cemento. Y ahora es complicado porque, ¿cómo se siembra pasto sobre el cemento? No. Entonces lo que hago, cuando mi barrio se viste de colores, es salir, me deslizo por el pavimento y doy la vuelta al perro, aunque perro no tengo, pero igual lo llevo, me voy hasta Encarnació y miro el cielo. Ahí mi barrio me sonríe en colores, a veces no entiendo de qué se ríe mi barrio, pero a las sonrisas coloridas de los barrios de cemento poco le importan las razones y se ríe. Entonces sigo y giro en Montmany, hice nada, unos metros, todos de cemento. Si mi perro, el que llevo, existiera, ahora se acercaría a uno de estos, cuento uno, dos hasta siete árboles pequeños y flacuchos se levantan en Montmany y con el mismo desparpajo con que ríe mi barrio ellos inspiran y expiran y a uno lo invitan, entonces uno inspira y expira y en mi caso, con mi perro, tengo en mente un aeropuerto, en sus góndolas perfumes, libres de tasas, cargados de ostento, grandes marcas, fragancias sofisticadas. Y respirando viene a cuento: ni grandes marcas ni espamentos, son los árboles de Montmany, siete de ellos, pase y vea, y respire, por supuesto, queda usted formalmente invitado, a mi barrio de cemento.

28 marzo 2012

Realismo tragicómico

Indignados, indignación, ¡Indignaos! Así en imperativo... En España la invitación a la indignación es una moda que no pasa de ser eso, una moda. No es que el pueblo no esté cansado, seguramente una parte de ellos lo está, pero de nada sirve que se reúnan en una plaza y se pongan originales con los cartelitos: "Manos arriba, esto es un atraco", "No somos mercancías en manos de políticos y banqueros", claro que no queremos serlo, pero lo somos, y para ser justos habría que agregar, a los políticos y a los banqueros, a los medios de comunicación. Porque, ¿de qué sirve la indignación de un pueblo si a los medios de comunicación se lo pasan por el forro de los calcetines y los lideres intelectuales de un país que se va a pique miran para otro lado?
Ayer un contacto de Facebook compartía una nota escueta pero bastante iluminativa de Jaime Ortega sobre la acción del gobierno argentino en el válido intento de recuperación del saqueo de la petrolera YPF. A Ortega le hice llegar mi satisfacción por su artículo y le agregué además una acotación por una frase suya en la que nos dice que "A pesar de que medios europeos, y particularmente los españoles, han informado de manera más o menos cabal de los acontecimientos..." 
Mi comentario fue: "Si buscas en internet información de los medios españoles sobre el tema, aparecen pseudo noticias que hacen referencia a la fluctuación de las cotizaciones y poca cosa más. En papel encontré ayer una nota en La Vanguardia, asco de diario, en la que un personaje llamado Robert Mur (Periodista nacido en Barcelona, afincado en Sudamérica como corresponsal que lo que tendría que hacer es dedicarse a la penya del orto del Barsa que preside en Chile), un títere que lo único que hace es desinformar guiado por los intereses del diario que a la vez sigue sin escrúpulos los intereses de los grupos económicos que manejan este país. Lamentablemente no tengo la nota en la red, porque me encantaría copiar y pegar o compartirla pero te puedo asegurar que es vergonzosa, como la mayoría de las letras periodisticas que llegan desde Sudamérica a España en forma de corresponsalías, y acá, por supuesto, se comen la pastilla."

Esta mañana intenté publicar un comentario en el blog de Mur en La Vanguardia pero fue imposible, la compuatadora me dijo NO, todo el tiempo, me recordó a cualquier intento de reclamo en Movistar o Vodafone, o peor, me sentí participando en uno de los programas de la serie británica Little Britain Computer say no.

El blog de Mur es vergonzoso, lamentable, y mi apreciación tuve que enviársela en un correo privado: No las tienen. Este tipo se piensa que porque se para un rato en La Pampa y deja caer la lapicera está haciendo realismo mágico. Mur, es muy alevosa la bajada de línea del diario en tus notas, sobretodo cuando te toca hablar de Cristina Fernandez. ¿Por qué, por ejemplo, no hacés una nota sobre las investigaciones que va a comenzar la juez Servini de Cubría sobre los crímenes del franquismo? ¿Que, no es importante? ¿O no lo es tanto como la repartija de melones en Mendoza? ¿Y eso es pan y circo? Te cuento que vivo en Barcelona y Pan y Circo y Realismo que nada tiene de mágico sino más bien tragimágico se vive en tu país cada día y como sabrás (porque en tu perfil dice que sos periodista) y si no lo sabés te cuento (porque yo no soy periodista, soy ciudadano y estoy informado) que esto va a más.
Lo tuyo, Mur, es indignante.
Este tipo es Robert Mur, y se cree gracioso o García Marquez, a cual no sé que es peor. 
Esta gente vende realismo mágico, hace realismo sucio, pero no en el sentido literario del término sino en el sentido literal. Y la gente, indignada como está, compra La Vanguardia, y se come la pastilla.

23 marzo 2012

Sueño: "El tereso intergaláctico"

Estoy en Japón, con Pancho Ibañez, que es mi amigo, se acerca una especie de cohete que está zarpadísimo en bueno, Pancho sabe mucho de cohetes, no obstante sigue sabiendo mucho de lacteos y deporte, me dice, mirá: el cohete se subdivide en cuatro cohetitos, cada uno hace una pirueta y saca humo, pero el humo no es de que están fundiéndose, es de que son muy sofisticados, yo miro, Pancho me mira con cara de ¿viste?, y me dice: "Ahora se va a transformar en forma de tereso intergaláctico", usa esas palabras. El coso se transforma en un tereso intergalactico y sale como chicotazo. Fin.


20 marzo 2012

Una argentinada

Es peligroso tener un HDP adelante. Más peligroso es tener delante a un imbécil o detrás o encima de uno. Esto transcurre en el patio de recepción del museo del Louvre, lugar muchas veces imaginado por mí, en mi imaginación lo visitaba, por fin iba, y una vez fui. Llegué con mi mujer, ella ya había estado por lo tanto su percepción distaba de la mía aunque nuestros placeres iban de la mano, como nosotros. El enorme playón de cemento se extendía despreocupado hasta que una gran pirámide de cristal se erigía contrastando modernidad con el arte antiguo que descansaba debajo, lo burdo con lo hermoso, escasos metros y un precio que me pareció razonable se interponían entre mi excitación y La Gioconda, que a priori acaparaba mi mayor interés, delante de la pirámide un laberinto de cintas estaba dispuesto para organizar a miles de visitantes que habían faltado a la cita puesto que además de nosotros había solo un puñado de gente amontonada en la boletería y dos o tres parejas que zigzagueaban guiados por las cintas intentando llegar a la entrada, al verlos entendimos que no nos quedaba otra que ingresar por el origen del laberinto para no burlar el orden de llegada y así lo hicimos. Cuando ya habíamos sorteado cuatro o cinco giros vimos como una familia tipo (hombre, mujer, niño, niña) levantaban el cordón a pocos metros del final, se nos adelantaban en nuestras narices. Impulsados por la ira apuramos el paso hasta acercarnos, entre tanto observamos en ellos características propias de holandeses o alemanes y recuerdo mascullar insultos a sendos países, a sus constituciones e idiosincrasias, me recuerdo también pensando en cosas que reforzaban mi orgullo nacional, honrando mis orígenes pampeanos, enalteciendo mi bondad cívica proveniente exclusivamente del legado que mi patria nos había atribuido a nosotros y a todos mis compatriotas. Cuando por fin estuvimos pegados a sus espaldas dejé salir mi odio en forma de algo que me pareció una aguda ironía: ¡Qué bien! Dije en perfecto español mirando ora a mi mujer, ora a los listos “adelantados” con los ojos inyectados de sangre rabiosa: Está muy bien enseñarles desde chicos, para que lo aprendan bien, para que sepan cómo manejarse en el futuro. Mi mujer me seguía el juego y entre ambos dijimos una serie de barbaridades que como suponíamos que los holandeses o alemanes no entenderían completamos con miradas inquisidoras y gesticulaciones casi amenazantes para que el diálogo o el monólogo alcanzara ribetes de entendimiento universal, intentando que nuestra queja se comprendiera en la Selva Negra o en las desabridas calles de Ankara. Así avanzamos unos cuantos metros juntos, los alemanes u holandeses adelante y nosotros detrás de ellos como dos lobos indignados, hasta que el padre de la familia, el jefe de la maniobra se frenó en seco y mirándome dijo en perfecto argentino, con inconfundible acento pampeano o criollo o porteño o santafesino: Pasá. Izó del brazo a su mujer que a la vez izaba de los hombros a sus hijos en lo que era un gesto familiar de cedernos el paso con tal de que menguaran nuestros improperios. Pasá me dijo. Con mi mujer pasamos, por supuesto que pasamos le dije y no podía quitarle los ojos de encima al padre de esa familia de compatriotas, unos ojos, los míos, que seguían inyectados de sangre pero que ahora alimentaban su expresión con una tristeza infinita, unos ojos dueños de la decepción del que se descubre traicionado por su hermano, por aquel amigo con el que ha brindado llorando de pena en interminables noches de dolor. La tristeza de los ojos de La Gioconda, entre el cordón perimetral de un patio de cemento gris como las vidas grises. Una vez delante de ellos mi mirada y la mirada de mi mujer se cruzaron queriendo ayudarse, sin lograrlo, idénticas vergüenzas nos abarcaron sin poder unirse aunque iban de la mano, como nosotros. Ya estábamos llegando a la caseta que nos vendería los tickets para entrar al museo y el silencio nuestro era antártico, el silencio del mundo era tan potente y denso como la capa que habita la superficie del río más contaminado de todos los ríos contaminados, sucio. Un silencio que se vería alterado por la última frase de la mujer, la madre que no fue alemana ni holandesa sino la mujer de mi amigo traidor, una frase compuesta por cuatro palabras y unos puntos suspensivos: “Y bue… una argentinada”.

Una vez en el interior del museo, tanto mi mujer como yo, que no quisimos desunir nuestras manos en una especie de pacto tácito de unión ante la vergüenza propia y ajena, buscamos La Gioconda. Cuando la encontramos coincidimos en varias apreciaciones. Por un lado creímos ambos que resultaba imposible contemplar una obra entre el incesante transito de cabezas, en su mayoría asiáticas, atiborradas frente al cuadro, cabezas cuyas bocas proferían un bullicio alcohólico que se complementaba con el rugir de cientos de flashes, como disparos, conformando un murmullo infernal; pensamos pese a las dificultades para observar en lo increíble de la mirada de esa mujer, pintada hace ya varios siglos, en lo frenético de la persecución que esos ojos hacían sobre los nuestros, se los mirara desde donde se los mirara; encontramos muchísimos rincones del enorme museo (incluso sectores donde no se expone ninguna obra, sino que la obra se conforma por la simple vista, o el mero aire, o el pequeño momento que transcurre mientras uno está ahí parado) que nos resultaron más valiosos que el cuadro de Leonardo; finalmente como punto fundamental del pacto silencioso que habíamos firmado con vergüenza en la puerta del museo nos comprometimos a avasallar nuestras mentes con todo lo bello que pudiéramos ver en nuestro recorrido para tapar, borrar o sepultar el sofoco que se nos había incrustado como un mal olor. Y lo conseguimos.