"Tal vez el Edén, como lo quieren por ahí, sea la proyección mitopoyética de los buenos ratos fetales que perviven en el inconsciente. " Así habló Cortázar.

23 mayo 2017

Acostumbrarse a ganar (IND vs Huracán, fecha 25, Torneo Local)


Independiente no jugó bien contra Huracán el sábado, la verdad. El balance del partido, en lo que hace al funcionamiento del equipo, no fue bueno. Sin embargo, la victoria en la última jugada sobre el Globo dejó, además de los tres puntos, unas cuantas cosas positivas. El equipo fue más que Huracán. No le sobró nada, pero fue más. Sin embargo, jugó uno de los partidos más flojos desde que Holan es el DT. Fue bastante parecido a lo hecho contra Rafaela también en el Libertadores. Tal vez porque los planteos de Rafaela y de Huracán fueron parecidos y porque ambos equipos se pusieron en ventaja: lo esperaron a Independiente, no le permitieron contraatacar, le manejaron la pelota e intentaron jugar con su desesperación. Contra Rafaela, Puma empató el partido rápidamente. Contra Huracán el equipo necesitó casi una hora de juego para empatarlo. Y sin embargo no se desesperó. El equipo de Holan, incluso cuando no juega sus mejores partidos, nunca se desespera porque confía en que su idea de juego tarde o temprano le dará resultado. Esto es algo que con Milito ya se empezó a desarrollar, sólo que aquel equipo insistía tanto en llegar tocando que el que se desesperaba y exasperaba era el público. Holan pulió esa característica y le inculcó al equipo nuevas formas de llegarle al rival, básicamente trabajó en sus jugadores la movilidad y la practicidad. Hoy Independiente también puede ser rápido para atacar, o bien con transiciones cortas o bien con pases largos que saltean líneas. 

Después de un año el Rojo dio vuelta un partido que empezó perdiendo. Con el arquero más que afianzado y con un Taglia cada día más enorme, la defensa está cada vez más sólida. Tendría que revisar Holan otras variantes para cuando tenga que reemplazar a uno de los defensores (como fue el caso de Miñon el sábado) sin sacrificar a Bustos, que incluso con la cancha cambiada fue, a mi entender, junto con Toro, el mejor de los rojos. Otra vez figura este chico que con un puñado de partidos en primera se está transformando en una de las figuras del once de Holan y es, junto con Alan Franco y El Pibe, la gran aparición y el orgullo del club. En el primer tiempo los jugadores no estuvieron finos con la pelota en los pies y no marcaron bien, el cuarteto ofensivo (Puma, Rigoni, Benitez, El Pibe) no hacía los deberes defensivos cuando Huracán tenía la pelota y dejaban al doble cinco (Toro-Nery) en inferioridad para marcar: los mediocampistas visitantes quedaban libres y generaban juego con movimientos muy sencillos. Además, no se generaron chances claras de gol. Las aproximaciones al arco de Marcos Díaz eran tibias y los “ofensivos” parecían poco inspirados. De hecho, uno de ellos puso en ventaja a Huracán: Puma Gigliotti se hizo un lío en el área y la mandó a la red de Campaña. El gol de Huracán fue en el minuto 27, a partir de ahí Independiente se vio obligado a buscar pero las ideas seguían sin aparecer. Sin embargo, si hubo algo que funcionó en el equipo en esa primera parte fue el tándem de volantes centrales Toro-Nery: ambos están cada vez más confiados, ambos marcan con rigor y salen con criterio (Nery metió un par de pases largos deliciosos). Por eso llamó la atención que en el comienzo del primer tiempo lo sacara al ex Central para que ingresara Walter. No fue un buen cambio de Holan: tal vez era la oportunidad para jugársela (Independiente estaba obligado a ganar), que Walter entrara por Martinez y dejar tres en el fondo. Además, el 10 hizo un partido muy malo (sí, aunque la victoria agónica llegara con un gol suyo), estuvo impreciso con la pelota y lento en los desplazamientos. Vi por ahí que le pegaron mucho a Damián Martinez, es cierto que desde que llegó no demostró nada extraordinario, pero en realidad contra Huracán hizo un partido aceptable: no tuvo errores importantes, no gravitó en ataque, está bien, pero su partido no fue malo. Flojo fue el partido que tuvieron Puma Gigliotti, Benitez y Walter. Y si me apuran, El Pibe también tuvo partido flojo. Es cierto que generó el penal y demostró (otra vez, como con Estudiantes) mucho huevo a sus 18 añitos para agarrar la pelota en un momento caliente del partido y cambiar ese penal por gol. Pero convengamos que no generó mucho más y que no dio ni un pase correcto (ésa es una falencia del Pibe que Holan deberá trabajar mucho). 

En el primer tiempo, en general, Huracán jugó mejor que Independiente: y esto es la primera vez que ocurre en el ciclo Holan, que el rival sea superior. En el complemento el Rojo mejoró un poco, no demasiado, y no por el cambio que hizo el DT. Más con orgullo que con fútbol, fue creando situaciones. Hasta que llegó el penal por mano en el área de Nervo. Ahí el Pibe hizo su (casi) único aporte de la noche y lo resolvió con calidad y temple. Después fue empujar y empujar. Aunque Huracán lo podría haber liquidado antes del empate del Pibe y podría haberse puesto en ventaja otra vez con el partido 1 a 1, pero Campaña es el mejor arquero rojo por lo menos de los últimos 20 años. Al final, en la última jugada de la noche, Taglia agarró la lanza y aun con el reloj presionándolo, pensó y ejecutó: pase pinchado para Albertengo, centro del de Egusquiza y cabezazo de Walter que entró por el medio para arreglar la mala noche que había tenido. Y la locura fue total. 


Independiente gana esos partidos que antes no ganaba. Son detalles, pero el equipo de Holan recuperó el saludo místico inicial y de la mano le llegan momentos futbolísticos épicos. Independiente gana esos partidos porque juega bien, porque en general juega mejor que el rival, y cuando un equipo se acostumbra a jugar bien aumenta la posibilidad de que esos sucesos extraordinarios, que a Independiente últimamente no se le daban, ocurran. Los detalles, el saludo a la vieja usanza, la identificación con las viejas glorias del club, lo que hacen es invitar a soñar. La clasificación a la Libertadores está bien encaminada, pero todavía falta. Habría que seguir concentrados en ese objetivo porque, si en las próximas fechas se logra la clasificación, tal vez hacia el final del campeonato podemos mirar la cima de la tabla (que ahora estaría a potenciales dos puntos, si se le gana a Defensa el partido pendiente y a Boca en la Bombonera) y fantasear con salir campeón.


Las perlitas de los boludos de la tele

Los relatores y comentaristas de las tele son una máquina de decir lo mismo sobre la nueva reglamentación para juzgar las manos en el área. En este caso fue Ariel Rodriguez de Telefe: "Eso hoy es penal" o "Hoy se cobra esta mano". Y sí, es verdad que la nueva regla suma polémicas a las decisiones arbitrales. Pero la mano de Nervo era penal antes y la mano de Alan Franco no era penal antes. La mano de Erviti contra Estudiantes que fue penal, antes también lo era, y con esa mano también tiraron sus ya clásicas frases.

10 mayo 2017

Campeón de la visita (NOB vs IND, fecha 23, torneo argentino)



Si el torneo terminaba hoy, Independiente era el campeón de los visitantes, que vendría a ser algo así como ser el campeón de invierno, que no sirve para nada pero que a la vez es infinitamente mejor que ser el campeón moral, ese título que asignan sin atender a ninguna variable real. Independiente ganó en condición de visitante el setenta por ciento de los puntos que tiene. El setenta. Todo lo que disputó desde que Ariel Holan es el DT. Fuera de casa es contundente; cuando juega de visitante se agazapa y es letal. Pero más allá de la estadística, que de eso no se vive, el Independiente de Holan se ve muy sólido y todavía no sabe lo que es perder. Con NOB, como en Paraná, lastimó de entrada y terminó goleando. Independiente aprendió a contraatacar, está claro. Pero acá no tiene lugar el debate que pretendió instalar Frank Kudelka, una de las víctimas de este “visitador implacable”. Y si lo tiene, a los rojos no les interesa. El dato, la noticia, sí que sirve: el Independiente de Holan no sólo sabe a qué juega sino que además sabe jugar a cosas distintas: requisito fundamental para un equipo que quiere ser un gran equipo.

Se habló mucho antes del partido de si Independiente cedería a El Pibe a la selección sub-20. Finalmente no fue cedido y El Pibe jugó y fue una pieza gravitante en la victoria. La decisión que tomó el club fue muy en la línea de Moyano y de la gente que maneja el club, y nosotros, los hinchas de este blog, no estamos de acuerdo. Si de verdad se quiere refundar la AFA y usar a la selección (las selecciones) como bandera de ese giro que se quiere dar, la actitud de los clubes no puede ser esta. Sólo aclarar esto y ya terminar con el tema, porque a nosotros, los hinchas de este blog, nos interesa el fútbol. Nos interesa que El Pibe esté ganando confianza, que se le note en la cara; que entienda que el sacrificio en la marca puede ser tan importante como la gambeta en velocidad; que vaya recolectando experiencias: contra NOB, la única vez que enganchó para afuera la jugada terminó en gol del Puma. Nos preocupa, por ejemplo, si juega o no juega Walter. Y Walter jugó, y Holan se la tuvo que jugar también. Y le salió bien: sacrificó a Nery, lo puso a Toro, y el mediocampo de Independiente funcionó bien. A los cinco del segundo tiempo Walter debió ser reemplazado (no juega contra los primos por acumulación de tarjetas) por Nery. Todavía no sabemos si Walter, mientras estuvo en la cancha, jugó de Nery o si Nery, cuando entró, jugó de Walter. Lo cierto es que Independiente está encontrando un funcionamiento regular e intercambiable en sus tres hombres del medio (de los cuales entran dos), los que tienen que encender la mecha del fútbol. Nery-Walter, Toro-Walter, Nery-Toro. El domingo, el clásico lo juega la última dupla. 


Gran partido de Bustos, envalentonado desde el arranque por su primer gol en primera a los dos minutos de juego. Rigoni, ausente en el primer tiempo, volvió a ser determinante por gol, por vértigo, por crack. Muy bien la zaga central (Franco-Taglia), muy sobrios. Jugar de marcador central le sienta mejor al propio Taglia, a su capitanía y al equipo. Ahí es importante que Miñon siga cumpliendo en el lateral: viene jugando bien en defensa y acoplándose al ataque con criterio, aunque el domingo Nacho Scocco lo volvió un poco loco por la banda. Buen partido de Benitez, que está ganando en trascendencia. Con el correr de los partidos veremos si esto de Benitez se mantiene en el tiempo, veremos cuánto. Lo mejor que podría pasarle a Independiente (y al parecer es el próximo paso que dará) es que mejoren las conexiones entre Benitez, Rigoni y El Pibe. Todavía no están aceitadas las relaciones entre esos tres que juegan delante de los volantes defensivos asistiendo al Puma o asistiéndose entre sí, surgen cosas interesantes pero aún no se ve un diálogo fluido. El de Holan es un equipo que todavía está en proceso de ser. Independiente tiene chances matemáticas de ser campeón: a potenciales (debe un partido) ocho puntos del líder con veintiuno en juego, chances tiene. Debería ganar todos los partidos que le quedan (que son ocho), a esta altura es la única opción que tiene, ganar todos. Bueno, en realidad podría ser campeón aunque empatara uno de los partidos que faltan por jugar, uno podría empatar. Pero no será el próximo partido porque, como todos sabemos, el próximo es demasiado personal.




Las perlitas de los boludos de la tele

*“Qué bien maneja los dos perfiles Rigoni, uno no se cansa de decirlo”. Marcelo Benedetto.
*Al minuto 76 entró Sebastián Prediger en reemplazo de Victor Figueroa. El “periodista” de campo de juego lo pronunció mal: Prediguer. El relator (Vilouta) también lo dijo mal: Prediguer. Y el comentarista, el gran Benedetto, también: Prediguer. Unos cracks.
*“El campeonato más abierto que nunca” Marcelo “Timming” Benedetto, justo cuando Independiente con su triunfo le daba un punto más de ventaja a Boca.





10 abril 2017

Se destrabó con una goleada (Patronato 0 Ind 5, fecha 19 Torneo 16/17)



Y al fin Independiente se despachó. Se le abrió el arco, se sacó la mufa, rompió la racha. Que le digan como quieran. Venía de hacer un gol en los últimos tres partidos y le metió cinco a Patronato en Paraná. Y, además, jugó bien.

Puede jugar Blanco por Mesa o viceversa; Sanchez Miño, Benitez, Rodriguez (Toro) o el propio Albertengo son apellidos de recambio que están cumpliendo; podrá cambiar algún nombre. Pero el once de Independiente ya se dice casi de memoria. Ya encontró Ariel Holan, en cinco partidos oficiales, un equipo que le responde. Ya dijimos que el Rojo logró, en estos primeros partidos del ciclo, algo parecido a una identidad. En todos los partidos fue superior a su rival, y en todos (con Velez un poco menos) supo cómo llegar. Le faltaba ser contundente, embocarla. Le faltaba desactivar esa presión que a veces sufren los equipos (y los jugadores), que es cíclica y que es desesperante, que se retroalimenta con cada minuto que dura el periodo de frustración. Pues la desgracia goleadora se cortó el domingo en la ciudad de Paraná, bien temprano en el partido. Tal vez, lo que a Independiente le faltaba era jugar un partido de visitante, contra Patronato fue el primero del año (y estamos en abril).

Otra vez Emiliano Rigoni fue la pieza roja fundamental. El cordobés, que había marcado el único gol de la era Holan, hizo dos y es el hombre más desequilibrante del once de Avellaneda. Si, como marcamos, Walter Erviti es el encargado de equilibrar al equipo desde el centro de la cancha (y no más adelante), Rigoni tiene como tarea romper el equilibrio del equipo rival desde la intensidad de su banda derecha. Rigoni, en cierta manera, se está mancuellizando. Federico Mancuello fue el último gran referente en un equipo rojo, él era responsable o partícipe de casi todo lo bueno que le pasaba a Independiente en cada partido. Rigoni está entrando en ésa dinámica y, de confirmarse, la cosa vendría con dos buenas noticias: el cordobés parecería tener un techo futbolístico más alto que el santafecino que ahora juega en Brasil y además está mucho mejor acompañado en la cancha.


Independiente jugó un gran partido en su visita a Patronato. Las chances que tuvo en Paraná las convirtió en goles con autoridad. Así resolvió no sólo el partido sino también el embrollo ese en el que estaba metido, ese círculo infecundo que se agrandaba después de cada partido. Una goleada a favor no le puede venir mal a nadie, nunca, está claro. Pero la cosa cambia cuando esa goleada le cae a un equipo que viene jugando más o menos bien pero que no la puede embocar; que encontró cierta regularidad en un rendimiento que respeta además la identidad anhelada pero que le cuesta convertir; que tiene argumentos colectivos e individuales y que es un buen combinado del tándem experiencia-solidez con el de picardía-frescura pero que le falta gol; que muestra que el recambio de nombres no altera el buen producto pero que lo único que no puede hacer es terminar bien las jugadas. Una goleada en un equipo así es otra cosa. Es una goleada que es una consecuencia, una goleada que confirma. Y que además da la impresión de haber destrabado una rueda virtuosa. Sólo el tiempo y el correr de los partidos nos dirán si el del domingo en Paraná fue para Independiente el punto de partida de algo que puede ser grande.


Apuntes:
Ya van cuatro expulsiones de contrarios en dos partidos que se comen los árbitros: el martes con Alianza Lima dos expulsiones clarísimas de los peruanos y el domingo dos jugadas criminales de los paranaenses que merecían expulsión y no fueron.

08 abril 2017

Romper el arco (Independiente 0 - Alianza Lima 0 Fecha 18, Copa Sudamericana 2017)


En su primera presentación por la Copa Sudamericana, para recibir a Alianza Lima de Perú, Ariel Holan ensayó un par de variantes tácticas con respecto al partido con Vélez por el torneo local. Optó por jugar con un sólo delantero: Gigliotti, el que más había generado de los dos, fue titular y Albertengo esperó en el banco. Además, Ezequiel Barco jugó de arranque. Todo indicaba que era un partido para Barco, y lo fue porque cuando él se animó a encarar (tal vez su mejor rasgo) Independiente llegó con peligro. Si Barco no participaba, el Rojo no era punzante. El equipo no estaba cómodo y esto se debía a otra de las pruebas que hizo Holan el martes, la menos feliz de ellas: Erviti, a quien en la anterior entrada ya habíamos marcado como pieza fundamental para el equilibrio de este equipo, se ubicó adelante de Nery Dominguez y no a su costado, que es donde el 10 se siente más cómodo, desde donde construye mejor.
Pero incluso desordenado como estaba, Independiente fue dominador del juego hasta el penal a favor que desperdició Giglioti. ¿Hizo bien el 9 en patearlo con ese antecedente tan fresco en el inconsciente futbolero? ¿Debería haber rematado fuerte y al medio para asegurar? Se escuchaba, cuando Giglioti se disponía a patear, un gran murmullo generado por los pensamientos de todos los espectadores, los de la cancha y los de la tele: ¡rompele el arco! Ahí el equipo se desconcentró un poco, lo que permitió animarse a los jugadores peruanos: y ahí estuvo Martín Campaña, que sigue agigantando su confianza. Ya en el segundo tiempo, con Erviti en su lugar en la cancha, Independiente hizo méritos holgados para llevarse el partido. Pero no entró ninguna: nunca el que remataba estaba del todo cómodo, siempre aparecía una humanidad peruana para bloquear el disparo. Se dio una de esas en las que se podría jugar durante horas que la red no se iba a mover. Puede pasar. Tal vez el problema de todas esas que no entraron fue que sus ejecutores pensaron lo mismo que todo el mundo pensó en el penal fallado, rompele el arco. Tal vez este Independiente seco de gol -sólo uno en los últimos 270 minutos- no anda necesitando romper los arcos sino bajar el nervio y empujarla al gol; ser inteligente y colocarla en la red. Este Independiente de Holan, va camino de encontrar una voz propia. Está empezando a tener una forma concreta, unos rasgos diferenciados. Está en proceso, sí, por eso se entienden las pruebas. Pero este martes se confirmó algo importante para Independiente, algo que, aunque sea triste admitirlo, hacía mucho que no pasaba: en este principio de ciclo que forman los tres partidos oficiales de 2017 (San Martín de San Juan, Vélez, Alianza Lima) el Rojo jugó más o menos a lo mismo. Y eso a lo que quiere jugar Independiente no esta nada mal, necesita minutos de ruedo claro, es incipiente, pero no está nada mal.

Apuntes:

*Ezequiel Barco debería, cada tanto, una de cada tres por ejemplo, tocar de primera -antes tal vez no tenía con quien jugar al toque, pero en este equipo puede hacerlo- en lugar de intentar la personal casi siempre -es muy joven, tiene tiempo para aprenderlo.
*Martín Campaña está más que consolidado en el arco de Independiente. Ya vemos como algo tan normal que nuestro arquero brinde seguridad que no nos acordamos de lo infernal que era eso.
*Ya es una gran noticia que en el primer equipo jueguen tantos pibes de las inferiores, notición ensalsado con la seriedad con la que juegan sus primeros partidos chicos como Bustos, Blanco o Franco.

03 abril 2017

Por buen camino (Independiente 1 - Vélez 1 Fecha 18, Torneo argentino 2016/17)


Para resumir el desempeño de Independiente frente a Vélez en su segundo partido oficial del año -el tercero del ciclo Holan- yo diría que “Tiró una onda, pero no la fue a buscar”, o “Mostró algo pero no lo supo aguantar”. Y sí, no se puede negar que desde el comienzo y hasta el minuto 30 de primer tiempo (y los primeros 15 del segundo) el Rojo jugó bien, nada del otro mundo, ojo, pero no estuvo mal. 
Veamos qué fue lo bueno que demostró:
Lo principal me parece que es algo que tiene que ver con las sensaciones. Me explico: hace años que un lateral a favor nuestro genera nerviosismo (bien fundado, por cierto) porque hay muchas probabilidades de que la jugada termine con riesgo para el arco rojo. Lo mismo pasa con un córner a favor: lo más probable siempre es que no derive en gol nuestro sino en una contra peligrosa para el rival. Esto, por supuesto, tiene que ver con que el equipo ejecuta mal, pero además con que para mal la defensa cuando ataca; carece de ideas y/o confianza para elaborar algo concreto y contundente que obligue a los jugadores rivales a preocuparse por evitar ese ataque, en lugar de eso el rival arma el contragolpe y lastima. Lo bueno de este partido fue que no sufrimos en un lateral o en un córner a favor, sino que daba la impresión de que se podía generar algo importante a favor. Estas buenas sensaciones duraron casi una hora, exactamente hasta que salió Erviti. Y ya un rato después empezó el famoso murmullo. Pero sigamos con las buenas , que todavía queda algo más.
Independiente mostró opciones de ataque variadas. Cuando no podía penetrar tocando, aparecía alguien que cambiaba de frente o ensayaba un pase largo con criterio. Las pelotas paradas también fueron una buena opción, de hecho el gol llegó con ese tiro libre espectacular de Rigoni. Tampoco es que el Rojo haya tenido muchísimas situaciones claras de gol, la verdad, pero Vélez no inquietaba y los volantes nuestros tenían la pelota. Y el equipo jugaba con tranquilidad, sobre todo a partir del gol (minuto 14).
Otra buena: es un acierto de Holan ubicar a Bustos de lateral derecho. Un puesto que hace años trae más problemas que satisfacciones. El de Ucacha (Córdoba) deberá ganar experiencia en la marca para no generar penales en contra o faltas cerca del área (Gustavo Toledo, quien lo precede en el puesto, tiene récord en gestar ese tipo de faltas a favor del rival) y para mejorar en la salida (perdió dos o tres pelotas intentando salir por su banda). Pero garantiza una buena llegada por el lateral y sacrificio.
Y la última: jugar con un volante central a la vieja usanza. Todavía tenemos que verlo jugar unos cuantos partidos más a Nery Dominguez, pero la primera impresión fue muy buena. Siempre que Vélez inició un ataque Nery estuvo bien parado. Torito Rodriguez ya tuvo muchas chances y nunca logró regularidad, alterna buenas y malas en un puesto que no admite demasiados errores. Al surgido en Rosario Central le hace muy bien tener cerca a Erviti cuando recupera la pelota: su rendimiento cayó cuando salió de la cancha el ex Banfield. Y así damos paso a los aspectos negativos, comenzamos a hablar de cómo y por qué este Independiente, que arrancó muy bien, terminó el partido algo desdibujado.

El segundo tiempo empezó bien para el Rojo: jugando en campo rival, presionando alto. El gol de Burrito Martinez golpeó bajo, sin embargo el equipo siguó funcionando bien, hasta que finalmente se desarmó: cuando salió Erviti. El 10 no jugó un gran partido, pero asociado con Nery Dominguez es el nexo entre defensa y ataque. Y es, además, el punto de sosiego de Independiente. Erviti sabe muy bien cuándo debe acelerar, cuando meter la pausa, y rápidamente asumió su rol. Insisto, aun sin jugar bien el 10 es esencial para el equilibro de las líneas de Independiente.
Nicolás Figal, el preferido de Gabi Milito, también goza de la confianza de Ariel Holan. Es un buen defensor pero debería entender cuál es su puesto en la cancha, cuáles son sus obligaciones y dónde están sus limitaciones. En el partido del viernes Barco, que entró en el segundo tiempo, perdió un par de pelotas cuando intentó gambetear. ¿Dónde las perdió el volante ofensivo? Cerca del área de Vélez, claro. Ahora, cuando el que intenta las gambetas y pierde el balón es Figal, el área más cercana es la de Martín Campaña. Es una cuestión puramente lógica, un error conceptual que lo vuelve muy peligroso. Hay que remarcar a este respecto que Independiente tiene un plantel muy corto de defensores, por lo cual que Figal entienda el problema se está tornando una urgencia. Frente a Vélez, además, le hizo un penal grande como una casa a Pavone que además acarreaba expulsión (ya estaba amonestado) que, afortunadamente, el árbitro Lamolina no marcó. Figal salvó el cuello pero el equipo se desconcentró, por suerte enseguida se terminó el primer tiempo.  

Con la salida de Walter Erviti Independiente se partió en dos y le regaló la pelota a Vélez, que incluso amarrete como fue se animó y podría haberlo ganado. Albertengo y Gigliotti pusieron muchas ganas pero todavía ninguno de los dos está fino. El ex Boca, para ser goleador, está demostrando demasiadas dudas en el área. Independiente necesita como el agua que se abra el arco para ambos lo antes posible o al menos para uno de ellos. El equipo demostró que sabe cuál es el camino a seguir, pero al primer revés se reencontró con ciertos fantasmas que lo inhiben y le hacen olvidar el rumbo. Se vienen muchos partidos apretados en pocos días, así como jugó sólo dos partidos en más de cien días ahora deberá asumir casi una docena de compromisos en menos de dos meses. Veremos si las buenas intenciones que pudimos ver se transforman en algo más sólido. Lo bueno es que las respuestas no tardarán en llegar, el martes nos visita Alianza Lima de Perú por la Copa Sudamericana.

02 julio 2015

La chispa adecuada

¿Cómo dice la canción? ¿“Tantas veces va el cantarillo a la fuente [...] y no te digo más“?
Bueno, el cántaro, la mufa, la “sequía“ se rompió. Enfrente, justo, estaba Paraguay.

Justo cuando Argentina no tenía un buen arranque, en el momento en que los de Ramón Diaz parecían animarse a ser protagonistas, cuando se empezaban a amigar con la idea de marcar el ritmo del juego, justo ahí llegó el gol de Marcos Rojo. Y no fue un gran gol precisamente porque haya culminado una buena maniobra colectiva, o por su factura técnica individual. Fue un gran gol porque le quedó ahí a Rojo, después del centro de Messi y de los rebotes, un tiro libre jugado al área de un equipo especialista en esas jugadas. Fue una de esas que antes no entraban. Entonces se abrió el arco del partido en sí, el que se estaba jugando, y también se abrió el otro arco. Porque después del 1 a 0, el 10 se soltó y todo el equipo se liberó. Recuperaron la alegría.

Eso se notó un rato después: Biglia se esconde y aparece libre en posición de 8, juega para Messi que cachetea una asistencia para Pastore, dos metros adelante de la posición del receptor, porque Messi respeta las reglas de una contra rápida, y el Flaco, que se había movido para sugerir el pase, controló en velocidad y relajó el pie.


Paraguay es la única selección que le hizo goles a Argentina en esta copa, le hizo 3 en total, 2 de los cuales los convirtió un argentino. En 5 partidos dos tercios de los goles que recibió Romero los hizo un tipo que nació en San Fernando, Buenos Aires.
 Con el gol de Barrios aparecieron algunos fantasmas. Suma de varios errores: Otamendi divide el balón; a Pastore le falta énfasis cuando cubre su posición; y Demichelis está muy lejos. Pero aunque el descuento paraguayo (y el instante de distracción) cayó mal, el equipo se rehizo muy rápido y siguió en sintonía.

Biglia recupera, Pastore recibe muy libre de Mascherano y, otra vez, relaja el pie para que Ángel defina.

Si el tercer gol sirve para ratificar que el motor se está aceitando, el cuarto, que fue el que le bajó la guardia definitivamente al equipo guaraní, para confirmar que Messi en la selección ya es ése que él mismo tanto quiere ser. Ahí se terminó, Argentina venía con una efectividad muy baja de acuerdo a todo lo que generaba, en algún momento tenía que explotar. La cosa explotó y el peludo se lo comió la selección de Ramón. Di María ya no estuvo tan solo, se cerró unos metros para asociarse más y, de paso, Rojo jugó más cómodo atacando por esa banda izquierda. El gol de Agüero es premio al partido que estaba haciendo y, en particular, a su movimiento en el área con el que se anticipa no a uno sino a dos defensores. Y que Higuaín entre y convierta en la primera que toque también suma. 



Cuando Argentina y Paraguay empataron su partido por el grupo B, Martino dijo que podrían haber terminado 5 a 2 o 6 a 2 arriba. Este segundo encuentro entre argentinos y paraguayos tuvo un resultado muy parecido a lo que podría haber sido aquel. Entre dos partidos de alto vuelo futbolístico argentino, lo diferente fue la contundencia en el segundo. Messi, que viene jugando una copa brillante, en un crescendo de más a mucho más, tuvo una noche de semifinal descollante. Volvió a dejar tendal, a generar esas fotos trágicas posteriores a su paso, con los rivales en el pasto como víctimas de un desastre natural. Fue atinado el comentario de Juan Pablo Varsky: contra Paraguay “a Messi le faltó hacer llover.“ Yo creo que si no llovió, fue porque él no se lo propuso.

Se espera un partidazo para el sábado. Será, cuanto menos, revelador en diversos aspectos. Si hablamos de historia se enfrentan: uno que nunca ganó una final, contra otro que ganó 14 y que a su vez es el que más finales perdió. Si miramos el hoy por hoy, chocan: un grupo que no está acostumbrado a jugar finales frente a otro que viene de perder una hace un año (sangre en el ojo que le dicen. Y experiencia). Juega uno que es local contra otro que viene de encontrar la chispa adecuada. Se cruzan, en la final de un deporte que no siempre es lógico, los dos que la lógica anunciaba. Chile todavía no se midió en esta copa contra un equipo que juegue a tener la pelota más que él. Argentina nunca jugó en esta copa contra un equipo que juegue a atacarlo (podría haber sido Colombia pero ya todos sabemos qué hizo Colombia). ¿Que si hay mucho en juego? Uno se juega la chance de volver a ser campeón más de 20 años después y de acomodarse ancho en un lugar en el que supo estar; casi nada. El otro tiene la oportunidad de ser campeón por primera vez en sus 120 años de historia; qué te parece. Pero hablar de Malvinas, de traiciones y de geografía es una GILADA. Esto es fútbol, nada más, nada menos.

27 junio 2015

El país de los arcos cerrados



A los jugadores argentinos se les niega el gol de una manera tan tozuda que a medida que pasan los minutos el arco rival (que mide como todos: más de 7 metros de ancho por casi 2 metros y medio de alto) se hace más chiquito. Cada vez, desesperadamente, más chiquito. 
Ayer Argentina jugó un buen partido contra Colombia, no coincido con que haya sido el mejor de la era Martino. Creo que el mejor fue contra Paraguay. De todos modos la arenga del entrenador antes de los penales es valedera: “…jugamos contra un cuartofinalista del mundial y no nos patearon al arco“. La buena actuación argentina se combinó con una decepcionante, lamentable labor del equipo colombiano. Hasta indignante, diría. El rival de cuartos de final fue el que menos llegó al área argentina, el que más pegó (más que Uruguay) y el que más espacios libres les dejó a nuestros delanteros (mucho más que Jamaica). Colombia no solo no remató al arco de Romero (el débil cabezazo de Ibarbo en el minuto 66 no califica), el equipo de Pékerman le pegó a los argentinos con una torpeza y una falta de profesionalidad tales que me cuesta encontrar en la memoria semejante mamarracho. Hay que remontarse a los coreanos castigando a Maradona en el 86, a los nigerianos levantando por el aire a Caniggia en el 94. Lo cual deja en peor situación al equipo de Pékerman porque ni Corea ni Nigeria tenían con qué, lo que justificaba la adopción de ese sistema de fútbol: el no fútbol. Por eso, que una selección como la colombiana se plante tan anti-fútbol con el material con el que cuenta es lamentable.


Pero volvamos a la selección Argentina y sus problemas con el arco, con el ancho de los palos que, aunque parezcan trucados, miden las 4 pulgadas que marca el reglamento.
 Messi continúa contrariado, la cara se le va transformando con el correr de los minutos hasta casi descolocársele. No lo puede creer, se agarra la cabeza, piensa que ésa es igual a aquella que en el Camp Nou entra. La pelota le queda ahí, ya está, se rompe la racha… Pero aparece un pie rival y la desvía o lo desestabiliza. El asunto es que no entra. O aparece la figura monstruosa de David Ospina, como ayer. Párrafo aparte para el animalito colombiano que defiende el arco del Arsenal inglés.

Queda claro que, aunque los delanteros hagan buenos partidos, si la pelota no entra los números no cierran. A Di María se lo vio ayer bastante impreciso y se lo vio, sobre todo, solo. Argentina vuelca todo su potencial sobre la banda derecha y el desgarbado rosarino termina intentando desbordar o gambetear en soledad. El símbolo de ese problema fue una jugada del segundo tiempo en la que avanzó 50 metros a toda velocidad, frenó, retrocedió 35 metros por el mismo surco que había formado y terminó la jugada cediéndosela a Romero.


El mejor argentino ayer fue Pablo Zabaleta que jugó un partido inmenso, junto con Messi, claro, que, perdonen la obviedad, es interminablemente distinto.
 Garay jugó su peor partido desde que está en la selección, inseguro, impreciso, Pekerman dio cuenta de esto y en el segundo tiempo mandó a sus delanteros a apurarlo, pero ayer Colombia no podía hacerle daño (futbolístico, claro) a nadie. 

Carlos Tevez, los minutos que jugó, fue intrascendente. Todavía Martino no le dio su chance, por lo tanto no se lo puede evaluar. Sin embargo, hay en la prensa y en el espectador argentino una necesidad galopante de erigirlo al Apache en ídolo y símbolo de esta selección. Pateó su penal y lo convirtió, sí, igual que Messi, Garay, Banega y Lavezzi y con menor precisión y más suspenso que estos cuatro. No tengo nada contra Tevez, al contrario, me parece un buen elemento, pero no inventemos. Porque a fin de cuentas todo ayer terminó dependiendo de que el gigante Ospina no se quedara parado esperando el remate de Tevez en el medio del arco. Porque si Muriel y Murillo no la tiraban a las Islas Galápagos, el próximo martes la semifinal la jugaba un equipo amarrete con un solo gol convertido en todo el torneo.
Se viene Brasil o se viene Paraguay, es igual. En estos torneos si se pretende ser campeón no hay que ganarle a todos pero sí hay que ganarle a cualquiera. Veremos si Argentina descifra la fórmula, encuentra la llave que le abre los arcos.

23 junio 2015

Argentina, el equipo sin confianza.

El último partido del grupo para Argentina se presentaba como un ensayo en el que practicar aquello en lo que se estuvo flojo, para probar alguna variante táctica, para envalentonar.
Sin embargo el choque contra Jamaica sirvió para remarcar en qué está fallando el equipo argentino, cuáles son sus deficiencias, y para sembrar un montón de dudas. O en realidad para regar esas dudas que ya se habían sembrado en los partidos anteriores. Un equipo que generó unas 30 llegadas al arco rival y convirtió solo 4 goles (uno de penal, otro regalado por un defensor contrario). Un equipo que es siempre protagonista, que siempre es dueño del balón, pero que llegado un momento del partido (con Paraguay, minuto 60; con Uruguay, minuto 25; con Jamaica durante todo el partido) no sabe bien qué hacer con él. Un equipo obsesionado por ponerse en posición de ataque (que no es lo mismo que atacar), una obsesión que le nubla la realidad. Si se le está ganando a Uruguay 1 a 0 y el rival tiene la obligación, la pelota la tiene el arquero argentino, Uruguay no presiona porque su jugador más próximo está a 30 metros y no tiene la intención de apurar a Romero, ¿cuál es la necesidad de salir, de avanzar, de atacarlo cuando el rival espera? ¿Si Argentina espera con el balón en su poder que Uruguay se haga cargo de la obligación, no se generarán espacios, esos espacios que Argentina no encuentra cuando ataca casi por reflejo? Si bien me refiero a una jugada puntual en la que Romero tenía el balón y Cavani miraba desde lejos sin ánimo de acercarse, me parece simbólico. Es un reflejo de cómo se ve perjudicada la selección de Martino por no sé bien qué presión, o una presión que viene no sé bien de dónde. De la historia, de la hinchada, de la prensa, de la sangre y la propia idiosincracia. Como sea, Gerardo Martino debería tomar nota de esa confusión conceptual, de la infertilidad a la hora de definir, del daño que le hace al equipo argentino esa presión externa de la que hablo. Contra Jamaica se podría haber jugado durante tres días que el conjunto, según Edinson “el geógrafo“ Cavani, “africano“ no iba a convertir un gol. Lo triste es que dio la impresión de que Argentina tampoco iba a aumentar la diferencia.
Las carencias mostradas en los tres partidos se vieron exageradas, ensanchadas en este último porque se trataba del equipo más débil de la copa. Eso demuestra que el problema tiene que ver con el estado de ánimo, con la concentración, con la confianza. Y, sinceramente, suena un poco loco. Es como un tipo que tiene que ir a encontrarse con una mujer para seducirla, ese es su objetivo y el hombre lo tiene todo (belleza, ingenio, saber estar, dinero, etc.) pero pese a sus altas chances de seducirla va con la confianza por los suelos. Bueno, Argentina. Difícilmente se junten mejores elementos para representar al equipo de fútbol argentino en el futuro. Así y todo, con esta irregularidad, Argentina demostró ser el equipo más fuerte del torneo. Y eso no sé yo si habla bien de Argentina o mal del resto.

18 junio 2015

Primero hay que saber sufrir

El martes hubo una nueva edición del partido más jugado de entre todos los partidos de fútbol, nunca dos equipos se enfrentaron tanto como las selecciones de Argentina y de Uruguay. Es el ejemplo más extremo de lo que se denomina clásico en este deporte, y por eso mismo cada vez que empieza un choque rioplatense, sin importar la historia lejana o reciente, cualquier cosa puede pasar.

Argentina fue protagonista y dominador, pero Uruguay pudo empatarlo e incluso ganarlo.
El equipo de Martino jugó unos primeros 25 minutos muy parecidos a los 60 iniciales frente a Paraguay. Monologó. Se hizo dueño del balón, acortó sus líneas, asfixió a su rival. La disposición geográfica de los de Tabarez también ayudó: armó un cerco alrededor del área de Muslera como lo disponía la mayoría de los equipos que enfrentaba al Barça de Guardiola. Cuando se plantea un partido como lo hizo Uruguay, es decir romper, aguantar, esperar la jugada aislada, se corre el riesgo de recibir un gol y ahora qué. Cuando te plantean un partido como se lo plantearon a Argentina, se corre el riesgo de no hallarle la vuelta, chocar contra la pared y no encontrar ideas. Así planteado, cuando promediaba la primera parte ya el partido era como lo quería Uruguay, porque Messi y compañía no sabían cómo entrar, porque, al no estar Banega, el 10 argentino tenía que bajar al círculo central para empezar los avances, y porque la Celeste con esas jugadas aisladas, con laterales y tiros de esquina, estaba siendo más punzante que el equipo del Tata.

El gol (golazo) de Agüero rompió el partido, el delantero del Manchester City volvió a cumplir en la red. Pastore, que estuvo bastante impreciso en los toques finales en la primera parte, entendió que el asunto era romper por el medio con una (no dos) gambeta y abrir la cancha. Ni Messi ni Di María lo entendían. Y fue la magia seguida de la apertura del cordobés lo que decretó la diferencia.
Creo que fue clave en el triunfo el partido que jugaron Biglia y Pastore: soberbio y serio el primero, soberbio y desfachatado el segundo.
Garay, no me canso de decirlo, cada día juega mejor. Ay, si le dieran a Ezequiel la mitad de la prensa que recibe David Luiz, esa maquinita brasileña de hacer macanas. La solvencia del defensor del Zenit ruso y la providencia de Romero fueron los pilares que mantuvieron la ventaja argentina hasta el final. Otamendi mejoró, fue puro sacrificio, aunque cada partido se manda una que otra propia de un chambón, diría el relator, no sé si por inexperiencia o incapacidad. 
Marcos Rojo entró varias veces en el embarre de cancha que propusieron Muslera o Arévalo Ríos, sin necesidad, porque ése no es el partido que tiene que hacer Argentina. A propósito del volante central uruguayo, fue milagroso que terminara el partido sin siquiera amarilla.

Martino podría haber renovado el aire y las piernas metiendo cambios un ratito antes, Aguero y Messi terminaron muy cansados y se desperdició así alguna que otra chance para sentenciar el resultado. No fue el caso de Di María que, con un estado físico excepcional, entendió que no era su partido más fino y se dedicó a echar una mano atrás.

No se puede decir que la lección del partido frente a Paraguay haya sido completamente aprendida. En el minuto 86 fueron los dos centrales al área rival y, en la contra, la selección quedó descompensada, otra vez. Uruguay, por su parte, se decidió a buscar el partido recién después del minuto 70, así y todo, pese a la mezquindad de su planteo, Argentina terminó sufriendo. Pero la sensación que deja el equipo a punto de terminar la zona de grupos y restando, según los papeles, jugar frente al rival más débil, es muy buena.
 Se le ganó al rival más duro, no solo de la etapa de grupos. No creo que Argentina tenga un adversario más difícil de franquear (aunque Chile y Colombia jueguen mejor) de aquí al final de la copa, salvo que nos crucemos con los charrúas otra vez, claro está.

15 junio 2015

Ilusionó y después se durmió

Análisis del primer partido de Argentina en la Copa América.

Argentina lo tuvo todo para ganarlo cómodamente en su debut en la Copa América frente a Paraguay. Todo: orden a la hora de defender, un juego soberbio cuando atacó, la neutralización de su rival, muchísimas ocasiones de gol. Pero no le alcanzó porque lo que cuenta es el resultado del total del partido y no el de los primeros dos tercios de este.
Los primeros sesenta minutos de juego fueron de Argentina que, pese a funcionar muy bien en todas sus líneas, desactivar cualquier circuito que Paraguay quiso armar, y justificar la ventaja con varias llegadas al arco rival, se encontró 2 a 0 arriba gracias a un error (forzado por la presión de Messi, es verdad) de la defensa guaraní y a otro del árbitro que cobró un penal que no fue.


Ezequiel Garay (el mejor jugador argentino en el mundial de Brasil) continúa su consolidación, pero Otamendi, que había demostrado firmeza en el primer tiempo, se desbocó la primera vez que los delanteros paraguayos lo superaron y empezó a hacer agua y, sobre todo, faltas innecesarias cerca del área frente a un equipo históricamente fuerte en el juego aéreo. 
Romero, pese a haberse “convertido en héroe“ frente a Holanda, llevará esa mochila “doble carga“ que suelen soportar los jugadores con los que la gente se ensaña desde el comienzo, hasta que un día cuelgue los guantes. Chiquito tuvo un buen desempeño frente a Paraguay, aunque es cierto que le facilita las cosas a Haedo Valdez al ubicarse diez metros más adelante de lo que la jugada pedía. Sin embargo yo no le atribuyo ese error a su falta de concentración o de ubicación, más bien creo que se debió a la función extra que le está pidiendo Martino. Digo esto porque pude ver que la defensa argentina quiere salir jugando con el arquero como una pieza más en la triangulación de toques para buscar espacios y salir del fondo de manera prolija. Parece que la notable aparición de Manuel Neuer está haciendo escuela en los arqueros y la utilización que hace de él el equipo alemán encuentra repetición en otras selecciones que antes no optaban por esa herramienta. La selección de Martino es una de ellas. 

Los laterales se mostraron mucho, ofrecieron opciones por las bandas cuando el equipo atacaba, esto ya se lo habíamos visto a Rojo pero es nuevo en Roncaglia. Pero cuando a la selección la atacaron, solo en el segundo tiempo, dejaron libres sus espaldas. 

Argentina defendió muy mal cuando atacó. El equipo quedó muy mal parado varias veces que tuvo un corner a favor o que un contra golpe a su favor fue respondido de inmediato por Paraguay.
 El tándem Banega-Mascherano terminó con un saldo negativo, sin embargo ninguno de los dos hizo un mal partido en lo individual, quizás se le pueda criticar a Banega su intrascendencia en la segunda parte. Ahí creo que falla Martino: al discípulo de Bielsa le costó bajar un cambio cuando tenía el partido controlado e hizo que los volantes se encontraran en el medio de una pelea golpe a golpe, la pelota no pasaba por ellos justo cuando los jugadores del medio eran los que debían manejarla y controlar así el resultado. 
Leí por ahí que Mascherano no se encuentra mucho con su posición de volante central porque no es la puesto que ocupa en el Barça. Creo que no se puede decir que el Jefecito ande flojo jugando de volante, lo que sí creo es que ubicándolo en la defensa se puede sacar lo mejor de él, quiero decir que en la zaga es todavía mejor jugador que como volante. Además con ese cambio de posición Martino estaría resolviendo ese karma que tiene Argentina para encontrarle un compañero a Garay (F. Fernandez, Demichelis, Otamendi, ¿cuántos van?). Está claro que no lo va a improvisar en la copa, pero sería sano que se lo plantease para el futuro.


Messi vino embalado de Europa, no solo por los resultados (por haber ganado todo con el Barça) sino también por su volumen de juego. Lo vi en la misma línea, lo vi con confianza y veo que cada vez le pesa menos la mala leche que le tiran desde afuera (desde afuera de la cancha, desde adentro de su país, ¿no?) cuando juega para la selección. Me ilusiona el hecho de que cada vez entiende más que él no tiene que ser el salvador de este equipo, proporcionalmente el equipo va entendiendo que Leo no puede ser su salvador. Que Messi entienda esto no significa que la selección Argentina pierda el valor agregado de tenerlo al mejor 10, el factor Messi descollante siempre jugará en favor de Argentina, aparecerá fugaz, brillante, artístico, letal, pero no hay que contar con ello. En varias jugadas en las que el crack rosarino decidió asociarse antes de encarar me pareció ver que esa dinámica de la que hablo se va consolidando. 

Di María volvió a mostrar su brillantez, después se apagó bastante. Y Pastore, que está pasando por un momento superlativo, parece ir encontrando de a poco su lugar en el once titular. Agüero cumplió con el gol, pero le falta para ser el delantero de la selección, en realidad a todos los delanteros que pasaron por la selección el último tiempo les falta méritos. Los jugadores ingresados no tuvieron demasiado tiempo para ser trascendentes. Me alegra que por fin Higuaín, que contó con tantas oportunidades, vea el partido desde el banco. No me extrañaría que Tevez fuera titular frente a Uruguay.
 Me gustó Argentina, me parece que el gran cambio que le imprime Martino es que ahora la selección se calza la pilcha de protagonista y apuesta más por el talento que por el sacrificio, al contrario de lo que terminó ocurriendo con Sabella. Hay que hacer los deberes: no dormirse, no ceder el protagonismo, definir los partidos. Vamos a ver.