"Tal vez el Edén, como lo quieren por ahí, sea la proyección mitopoyética de los buenos ratos fetales que perviven en el inconsciente. " Así habló Cortázar.
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02 junio 2017

No fue feliz, ALD vs IND (fecha 26, Torneo Argentino)


Si el cabezazo del Puma a los tres minutos de juego en el José María Minella hubiera sido más esquinado, muy probablemente hoy estaríamos hablando de la goleada que Independiente le propinó a Aldosivi. Recordemos Paraná: Rigoni define al minuto cuatro de juego la primera chance roja de la tarde y lo demás sólo fue ser contundente. En este caso, Aldosivi habría tenido que salir a buscar dejando espacios a, tal vez, el equipo que mejor juega de contra en Argentina. El Tiburón se habría visto obligado a desactivar ese cerrojo (una línea de cuatro y otra de cinco hombres en los primeros veinte metros de su campo) dispuesta para nublar las ideas de los cuatro ofensivos de Holan que, ante la presión asfixiante que le proponía el equipo marplatense, debían jugar hacia atrás y volver a intentar, siempre sin suerte. Pero ése gol de Giglioti no fue gol, así es que no sirve de nada seguir hablando en potencial. 

Independiente no pudo doblegar a Aldosivi en Mar del Plata y dejó pasar así una buena chance para acercarse al objetivo de clasificar a la Libertadores y, sobre todo, de descontarle más puntos a Boca, que empataría al día siguiente con Huracán.

En la primera media hora de partido Aldosivi hizo un esfuerzo extremo y sometió al Rojo a una presión feroz, saliendo de contragolpe cuando recuperaba la pelota y poniendo mucha gente en ataque. De hecho, la única de riesgo real que tuvo Independiente fue esa del Puma del comienzo y las más claras de la primera parte fueron de los de Walter Perazzo. Pero esa intensidad le duró treinta minutos al local, después, y desde allí hasta que acabó el partido sólo se dedicó a frenar al visitante con nueve de sus diez jugadores de campo. Lo que coloquialmente se conoce como “poner el micro debajo del arco”. Sin embargo, la más clara del segundo tiempo (y de todo el partido) fue un cabezazo de Miracco en el travesaño de Campaña. Aunque, hay que decirlo, la jugada derivó de una falta clara no cobrada en perjuicio de Nery. El arbitraje de Pitana, de quien dicen es el mejor árbitro del mundo, fue bastante malo: otras dos expulsiones no sancionadas a rivales de Independiente (Medina y Yeri), y ya van unas cuantas sólo contando el ciclo Holan. 


Hubo pocos puntos altos en Independiente. Nery hizo un buen partido, debió jugar de Toro (a quien Holan cuidó para que no se perdiera el cruce con Boca), es decir un poco más atrás, más de tapón, más entre los centrales de como lo hace normalmente, y lo hizo bien. Mesa, en cambio, que tuvo que jugar de Nery, estuvo incómodo todo el partido. La defensa (que volvió a su formación original) tuvo un buen desempeño. A veces dejamos de reconocerlo porque nos olvidamos muy rápido de los problemas constantes que la defensa de Independiente tuvo en los últimos años. De los de arriba: Benitez fue el que más intentó y Rigoni aportó un poquito en el segundo tiempo. El Pibe tuvo una mala noche, no estuvo preciso con la pelota y, en definitiva, le faltó lo que a todo el equipo, como bien dijo Ariel Holan una vez terminado el partido: claridad, fantasía y frescura. 

Fue una lástima, la verdad, porque era una buena chance de acortar diferencias con los de arriba, pero no se pudo. Independiente, desde que logró cierta regularidad en el juego, una identidad y, sobre todo, ese poderío ofensivo, debe acostumbrarse a que los rivales le jueguen así como le jugó Aldosivi. Por un lado, el Rojo tendrá que buscar nuevas formas de llegar al arco contrario y por el otro es un reconocimiento de parte de los rivales hacia Independiente porque le juegan como lo que verdaderamente es: un equipo grande.

02 julio 2015

La chispa adecuada

¿Cómo dice la canción? ¿“Tantas veces va el cantarillo a la fuente [...] y no te digo más“?
Bueno, el cántaro, la mufa, la “sequía“ se rompió. Enfrente, justo, estaba Paraguay.

Justo cuando Argentina no tenía un buen arranque, en el momento en que los de Ramón Diaz parecían animarse a ser protagonistas, cuando se empezaban a amigar con la idea de marcar el ritmo del juego, justo ahí llegó el gol de Marcos Rojo. Y no fue un gran gol precisamente porque haya culminado una buena maniobra colectiva, o por su factura técnica individual. Fue un gran gol porque le quedó ahí a Rojo, después del centro de Messi y de los rebotes, un tiro libre jugado al área de un equipo especialista en esas jugadas. Fue una de esas que antes no entraban. Entonces se abrió el arco del partido en sí, el que se estaba jugando, y también se abrió el otro arco. Porque después del 1 a 0, el 10 se soltó y todo el equipo se liberó. Recuperaron la alegría.

Eso se notó un rato después: Biglia se esconde y aparece libre en posición de 8, juega para Messi que cachetea una asistencia para Pastore, dos metros adelante de la posición del receptor, porque Messi respeta las reglas de una contra rápida, y el Flaco, que se había movido para sugerir el pase, controló en velocidad y relajó el pie.


Paraguay es la única selección que le hizo goles a Argentina en esta copa, le hizo 3 en total, 2 de los cuales los convirtió un argentino. En 5 partidos dos tercios de los goles que recibió Romero los hizo un tipo que nació en San Fernando, Buenos Aires.
 Con el gol de Barrios aparecieron algunos fantasmas. Suma de varios errores: Otamendi divide el balón; a Pastore le falta énfasis cuando cubre su posición; y Demichelis está muy lejos. Pero aunque el descuento paraguayo (y el instante de distracción) cayó mal, el equipo se rehizo muy rápido y siguió en sintonía.

Biglia recupera, Pastore recibe muy libre de Mascherano y, otra vez, relaja el pie para que Ángel defina.

Si el tercer gol sirve para ratificar que el motor se está aceitando, el cuarto, que fue el que le bajó la guardia definitivamente al equipo guaraní, para confirmar que Messi en la selección ya es ése que él mismo tanto quiere ser. Ahí se terminó, Argentina venía con una efectividad muy baja de acuerdo a todo lo que generaba, en algún momento tenía que explotar. La cosa explotó y el peludo se lo comió la selección de Ramón. Di María ya no estuvo tan solo, se cerró unos metros para asociarse más y, de paso, Rojo jugó más cómodo atacando por esa banda izquierda. El gol de Agüero es premio al partido que estaba haciendo y, en particular, a su movimiento en el área con el que se anticipa no a uno sino a dos defensores. Y que Higuaín entre y convierta en la primera que toque también suma. 



Cuando Argentina y Paraguay empataron su partido por el grupo B, Martino dijo que podrían haber terminado 5 a 2 o 6 a 2 arriba. Este segundo encuentro entre argentinos y paraguayos tuvo un resultado muy parecido a lo que podría haber sido aquel. Entre dos partidos de alto vuelo futbolístico argentino, lo diferente fue la contundencia en el segundo. Messi, que viene jugando una copa brillante, en un crescendo de más a mucho más, tuvo una noche de semifinal descollante. Volvió a dejar tendal, a generar esas fotos trágicas posteriores a su paso, con los rivales en el pasto como víctimas de un desastre natural. Fue atinado el comentario de Juan Pablo Varsky: contra Paraguay “a Messi le faltó hacer llover.“ Yo creo que si no llovió, fue porque él no se lo propuso.

Se espera un partidazo para el sábado. Será, cuanto menos, revelador en diversos aspectos. Si hablamos de historia se enfrentan: uno que nunca ganó una final, contra otro que ganó 14 y que a su vez es el que más finales perdió. Si miramos el hoy por hoy, chocan: un grupo que no está acostumbrado a jugar finales frente a otro que viene de perder una hace un año (sangre en el ojo que le dicen. Y experiencia). Juega uno que es local contra otro que viene de encontrar la chispa adecuada. Se cruzan, en la final de un deporte que no siempre es lógico, los dos que la lógica anunciaba. Chile todavía no se midió en esta copa contra un equipo que juegue a tener la pelota más que él. Argentina nunca jugó en esta copa contra un equipo que juegue a atacarlo (podría haber sido Colombia pero ya todos sabemos qué hizo Colombia). ¿Que si hay mucho en juego? Uno se juega la chance de volver a ser campeón más de 20 años después y de acomodarse ancho en un lugar en el que supo estar; casi nada. El otro tiene la oportunidad de ser campeón por primera vez en sus 120 años de historia; qué te parece. Pero hablar de Malvinas, de traiciones y de geografía es una GILADA. Esto es fútbol, nada más, nada menos.

27 junio 2015

El país de los arcos cerrados



A los jugadores argentinos se les niega el gol de una manera tan tozuda que a medida que pasan los minutos el arco rival (que mide como todos: más de 7 metros de ancho por casi 2 metros y medio de alto) se hace más chiquito. Cada vez, desesperadamente, más chiquito. 
Ayer Argentina jugó un buen partido contra Colombia, no coincido con que haya sido el mejor de la era Martino. Creo que el mejor fue contra Paraguay. De todos modos la arenga del entrenador antes de los penales es valedera: “…jugamos contra un cuartofinalista del mundial y no nos patearon al arco“. La buena actuación argentina se combinó con una decepcionante, lamentable labor del equipo colombiano. Hasta indignante, diría. El rival de cuartos de final fue el que menos llegó al área argentina, el que más pegó (más que Uruguay) y el que más espacios libres les dejó a nuestros delanteros (mucho más que Jamaica). Colombia no solo no remató al arco de Romero (el débil cabezazo de Ibarbo en el minuto 66 no califica), el equipo de Pékerman le pegó a los argentinos con una torpeza y una falta de profesionalidad tales que me cuesta encontrar en la memoria semejante mamarracho. Hay que remontarse a los coreanos castigando a Maradona en el 86, a los nigerianos levantando por el aire a Caniggia en el 94. Lo cual deja en peor situación al equipo de Pékerman porque ni Corea ni Nigeria tenían con qué, lo que justificaba la adopción de ese sistema de fútbol: el no fútbol. Por eso, que una selección como la colombiana se plante tan anti-fútbol con el material con el que cuenta es lamentable.


Pero volvamos a la selección Argentina y sus problemas con el arco, con el ancho de los palos que, aunque parezcan trucados, miden las 4 pulgadas que marca el reglamento.
 Messi continúa contrariado, la cara se le va transformando con el correr de los minutos hasta casi descolocársele. No lo puede creer, se agarra la cabeza, piensa que ésa es igual a aquella que en el Camp Nou entra. La pelota le queda ahí, ya está, se rompe la racha… Pero aparece un pie rival y la desvía o lo desestabiliza. El asunto es que no entra. O aparece la figura monstruosa de David Ospina, como ayer. Párrafo aparte para el animalito colombiano que defiende el arco del Arsenal inglés.

Queda claro que, aunque los delanteros hagan buenos partidos, si la pelota no entra los números no cierran. A Di María se lo vio ayer bastante impreciso y se lo vio, sobre todo, solo. Argentina vuelca todo su potencial sobre la banda derecha y el desgarbado rosarino termina intentando desbordar o gambetear en soledad. El símbolo de ese problema fue una jugada del segundo tiempo en la que avanzó 50 metros a toda velocidad, frenó, retrocedió 35 metros por el mismo surco que había formado y terminó la jugada cediéndosela a Romero.


El mejor argentino ayer fue Pablo Zabaleta que jugó un partido inmenso, junto con Messi, claro, que, perdonen la obviedad, es interminablemente distinto.
 Garay jugó su peor partido desde que está en la selección, inseguro, impreciso, Pekerman dio cuenta de esto y en el segundo tiempo mandó a sus delanteros a apurarlo, pero ayer Colombia no podía hacerle daño (futbolístico, claro) a nadie. 

Carlos Tevez, los minutos que jugó, fue intrascendente. Todavía Martino no le dio su chance, por lo tanto no se lo puede evaluar. Sin embargo, hay en la prensa y en el espectador argentino una necesidad galopante de erigirlo al Apache en ídolo y símbolo de esta selección. Pateó su penal y lo convirtió, sí, igual que Messi, Garay, Banega y Lavezzi y con menor precisión y más suspenso que estos cuatro. No tengo nada contra Tevez, al contrario, me parece un buen elemento, pero no inventemos. Porque a fin de cuentas todo ayer terminó dependiendo de que el gigante Ospina no se quedara parado esperando el remate de Tevez en el medio del arco. Porque si Muriel y Murillo no la tiraban a las Islas Galápagos, el próximo martes la semifinal la jugaba un equipo amarrete con un solo gol convertido en todo el torneo.
Se viene Brasil o se viene Paraguay, es igual. En estos torneos si se pretende ser campeón no hay que ganarle a todos pero sí hay que ganarle a cualquiera. Veremos si Argentina descifra la fórmula, encuentra la llave que le abre los arcos.

23 junio 2015

Argentina, el equipo sin confianza.

El último partido del grupo para Argentina se presentaba como un ensayo en el que practicar aquello en lo que se estuvo flojo, para probar alguna variante táctica, para envalentonar.
Sin embargo el choque contra Jamaica sirvió para remarcar en qué está fallando el equipo argentino, cuáles son sus deficiencias, y para sembrar un montón de dudas. O en realidad para regar esas dudas que ya se habían sembrado en los partidos anteriores. Un equipo que generó unas 30 llegadas al arco rival y convirtió solo 4 goles (uno de penal, otro regalado por un defensor contrario). Un equipo que es siempre protagonista, que siempre es dueño del balón, pero que llegado un momento del partido (con Paraguay, minuto 60; con Uruguay, minuto 25; con Jamaica durante todo el partido) no sabe bien qué hacer con él. Un equipo obsesionado por ponerse en posición de ataque (que no es lo mismo que atacar), una obsesión que le nubla la realidad. Si se le está ganando a Uruguay 1 a 0 y el rival tiene la obligación, la pelota la tiene el arquero argentino, Uruguay no presiona porque su jugador más próximo está a 30 metros y no tiene la intención de apurar a Romero, ¿cuál es la necesidad de salir, de avanzar, de atacarlo cuando el rival espera? ¿Si Argentina espera con el balón en su poder que Uruguay se haga cargo de la obligación, no se generarán espacios, esos espacios que Argentina no encuentra cuando ataca casi por reflejo? Si bien me refiero a una jugada puntual en la que Romero tenía el balón y Cavani miraba desde lejos sin ánimo de acercarse, me parece simbólico. Es un reflejo de cómo se ve perjudicada la selección de Martino por no sé bien qué presión, o una presión que viene no sé bien de dónde. De la historia, de la hinchada, de la prensa, de la sangre y la propia idiosincracia. Como sea, Gerardo Martino debería tomar nota de esa confusión conceptual, de la infertilidad a la hora de definir, del daño que le hace al equipo argentino esa presión externa de la que hablo. Contra Jamaica se podría haber jugado durante tres días que el conjunto, según Edinson “el geógrafo“ Cavani, “africano“ no iba a convertir un gol. Lo triste es que dio la impresión de que Argentina tampoco iba a aumentar la diferencia.
Las carencias mostradas en los tres partidos se vieron exageradas, ensanchadas en este último porque se trataba del equipo más débil de la copa. Eso demuestra que el problema tiene que ver con el estado de ánimo, con la concentración, con la confianza. Y, sinceramente, suena un poco loco. Es como un tipo que tiene que ir a encontrarse con una mujer para seducirla, ese es su objetivo y el hombre lo tiene todo (belleza, ingenio, saber estar, dinero, etc.) pero pese a sus altas chances de seducirla va con la confianza por los suelos. Bueno, Argentina. Difícilmente se junten mejores elementos para representar al equipo de fútbol argentino en el futuro. Así y todo, con esta irregularidad, Argentina demostró ser el equipo más fuerte del torneo. Y eso no sé yo si habla bien de Argentina o mal del resto.

18 junio 2015

Primero hay que saber sufrir

El martes hubo una nueva edición del partido más jugado de entre todos los partidos de fútbol, nunca dos equipos se enfrentaron tanto como las selecciones de Argentina y de Uruguay. Es el ejemplo más extremo de lo que se denomina clásico en este deporte, y por eso mismo cada vez que empieza un choque rioplatense, sin importar la historia lejana o reciente, cualquier cosa puede pasar.

Argentina fue protagonista y dominador, pero Uruguay pudo empatarlo e incluso ganarlo.
El equipo de Martino jugó unos primeros 25 minutos muy parecidos a los 60 iniciales frente a Paraguay. Monologó. Se hizo dueño del balón, acortó sus líneas, asfixió a su rival. La disposición geográfica de los de Tabarez también ayudó: armó un cerco alrededor del área de Muslera como lo disponía la mayoría de los equipos que enfrentaba al Barça de Guardiola. Cuando se plantea un partido como lo hizo Uruguay, es decir romper, aguantar, esperar la jugada aislada, se corre el riesgo de recibir un gol y ahora qué. Cuando te plantean un partido como se lo plantearon a Argentina, se corre el riesgo de no hallarle la vuelta, chocar contra la pared y no encontrar ideas. Así planteado, cuando promediaba la primera parte ya el partido era como lo quería Uruguay, porque Messi y compañía no sabían cómo entrar, porque, al no estar Banega, el 10 argentino tenía que bajar al círculo central para empezar los avances, y porque la Celeste con esas jugadas aisladas, con laterales y tiros de esquina, estaba siendo más punzante que el equipo del Tata.

El gol (golazo) de Agüero rompió el partido, el delantero del Manchester City volvió a cumplir en la red. Pastore, que estuvo bastante impreciso en los toques finales en la primera parte, entendió que el asunto era romper por el medio con una (no dos) gambeta y abrir la cancha. Ni Messi ni Di María lo entendían. Y fue la magia seguida de la apertura del cordobés lo que decretó la diferencia.
Creo que fue clave en el triunfo el partido que jugaron Biglia y Pastore: soberbio y serio el primero, soberbio y desfachatado el segundo.
Garay, no me canso de decirlo, cada día juega mejor. Ay, si le dieran a Ezequiel la mitad de la prensa que recibe David Luiz, esa maquinita brasileña de hacer macanas. La solvencia del defensor del Zenit ruso y la providencia de Romero fueron los pilares que mantuvieron la ventaja argentina hasta el final. Otamendi mejoró, fue puro sacrificio, aunque cada partido se manda una que otra propia de un chambón, diría el relator, no sé si por inexperiencia o incapacidad. 
Marcos Rojo entró varias veces en el embarre de cancha que propusieron Muslera o Arévalo Ríos, sin necesidad, porque ése no es el partido que tiene que hacer Argentina. A propósito del volante central uruguayo, fue milagroso que terminara el partido sin siquiera amarilla.

Martino podría haber renovado el aire y las piernas metiendo cambios un ratito antes, Aguero y Messi terminaron muy cansados y se desperdició así alguna que otra chance para sentenciar el resultado. No fue el caso de Di María que, con un estado físico excepcional, entendió que no era su partido más fino y se dedicó a echar una mano atrás.

No se puede decir que la lección del partido frente a Paraguay haya sido completamente aprendida. En el minuto 86 fueron los dos centrales al área rival y, en la contra, la selección quedó descompensada, otra vez. Uruguay, por su parte, se decidió a buscar el partido recién después del minuto 70, así y todo, pese a la mezquindad de su planteo, Argentina terminó sufriendo. Pero la sensación que deja el equipo a punto de terminar la zona de grupos y restando, según los papeles, jugar frente al rival más débil, es muy buena.
 Se le ganó al rival más duro, no solo de la etapa de grupos. No creo que Argentina tenga un adversario más difícil de franquear (aunque Chile y Colombia jueguen mejor) de aquí al final de la copa, salvo que nos crucemos con los charrúas otra vez, claro está.

15 noviembre 2012

A difamação da panela


A panela foi sempre um artefato de vital importância na minha vida. Por tudo o que representa, por ter sido sempre o símbolo do que eu sempre tive que bancar, para garantir que a família pudesse comer. Meus velhos, nos meados dos anos oitenta, se encontraram muito mais de dez vezes apenas com farinha, sal, tomate e o fogo de um forno de barro para encher a nossa panela, a memória que enche o meu peito de orgulho. Em 2001, a panela foi a estrela da manifestação mais espontânea do povo argentino, pessoas sem mais (nem menos) do que o seu poder de pressão, causada por funda raiva e profunda vergonha, fome e dignidade, foram às ruas e marcharam tendo as panelas como bandeiras, panelas vazias como tambores, panelas cheias de raiva, como escudos honrados contra a impotência.
Eu me lembro da cara e das palavras de uma mulher que entre panelaço e panelaço declarou frente às câmeras de Pino Solanas: "... pelo menos eu desafogo com a panela, a panela que fez purê para meus filhos... Para que cada vez que a veja saiba que, se me roubam, me roubam porque eles são uns sem-vergonhas , mas eu lutei pelos meus direitos ... "
Desde esse dezembro a panela tornou-se uma poderosa arma revolucionária, sentou precedente, deu a volta ao mundo e mudou a história.

Hoje, 08 de novembro, a panela saiu às ruas novamente. Nem preciso mencionar as diferenças entre uma situação e outra. Eu não acredito no Clarín, nem no 6, 7, 8, embora eu deva admitir que pelo último eu tenho alguma simpatia, e pelo primeiro nenhuma. Não acredito neles porque a Argentina vive uma guerra entre o governo e o monopólio do grupo Clarín, e nas guerras se há algo que é difícil de encontrar é a objetividade.
É claro que eu tenho uma postura tomada e firme nessa disputa, se Clarín reage diante de um "ataque" do governo, que tenta emendar uma lei que garanta a pluralidade e a transparência das vozes e imagens mediadas, se Lanata declara: "... Eu me pus sempre ao lado do mais fraco, e o mais fraco é o Clarin ...", se esta luta ocorre em um momento em que o meu país é claramente melhor do que anos atrás, se este confronto demonstra como cada lado é e quais são os interesses que cada um deles persegue... Enfim, considerando o curso da água, de que lado vou ficar? Eu tenho isso claríssimo, mas sou uma pessoa limitada e conheço, ou acho que conheço, minhas limitações. E já que eu não conto com as armas culturais para fazer uma análise minuciosa, bem como, insisto, não acredito que nem no Governo nem no Clarín, eu não vou entrar em camisa de onze varas.

No que eu acredito, ainda acredito, e nas pessoas. As escuto e presto atenção, na TV, as leio e analiso nas redes sociais, as observo e examino nas ruas. Eu escuto os K e aos e anti-K, escuto e aprendendo, e escuto também àqueles que não estão em nenhum dos lados, que estão no meio da rua, que não forçam para nenhum dos lados, ou se forçam, forçam pra frente. Acredito em todos eles, nos K, nos anti K, e principalmente nos que estão no meio, que são os que eu mais gosto. Acredito em todos porque todos dizem a verdade, cada um a sua, e com todas essas verdades armo a minha.
E com essa verdade que eu acredito, claro, na panela. Aquela panela que meus pais encheram com esforço, a que mudou a história, e que hoje saiu às ruas novamente, desta vez sem repressão, no meio de uma democracia real . Ela, que se encheu de prestígio nos anos oitenta, graças aos esforços de minha família, e, em 2001, graças a essa mulher que eu vi na TV, graças a todo um povo. Na panela eu acredito, essa panela eu amo, eu quero panela.
Celebro as manifestações, as respeito, até as de hoje. Aplaudo aos povos que cobram de seus governos, pois nosso papel é exigir e o deles é cumprir. Mas temos de ter cuidado com a panela, a panela é bandeira que não se mancha e eu acho hoje a estão desprestigiando, temo que estejam se fazendo, sem saber, uma armadilha de panelas.

Tradução de Juan Nahuel

13 noviembre 2012

6,7,8N y 8TN (La ignorancia como capital)

Insisto, no les creo, y como siento que hace falta, me explayaré un poco más en los motivos de mi incredulidad:
Si bien la objetividad no existe como tal en la expresión humana directa (y esto no lo digo yo sino la Antropología Social en un eterno debate jamás resuelto), es decir en la interlocución entre dos personas, ya que siempre se le imprime a la voz cierta subjetividad, y mucho menos en la expresión mediatizada porque a esa subjetividad inevitable se le suma otra más poderosa que responde a los intereses económicos que son los que en definitiva marcan el camino de todos los discursos mediáticos, aún en este escenario creo que se puede buscar en las expresiones algún atisbo de objetividad, pero difícilmente esto suceda en lo que se puede ver o escuchar en el caso de Clarín y 6,7,8.
Sin embargo debo ser justo, ya que escribí un
texto que me valió algunas críticas y el siguiente elogio: “Qué elegante cagada a pedos”. Así, como le apunté principalmente a los medios de comunicación de cada bando en esta guerra, a la propaganda de cada facción, debo ahora al menos enumerar los rasgos de la cobertura de la manifestación de uno y otro medio, y lo haré con dos apartados:

15 mayo 2012

A Cavallo regalador, no le dejen ni los dientes

Arde el mercado de pases, arden los mercados, arde Troya... ¡Arre Pingo!

Sí señores, vuelve Cavallo. El patrocinador de la deuda externa argentina, el As de la convertibilidad, el Señor del saqueo.
Al parecer el ex ministro de economía argentino, Domingo Felipe Cavallo, hace tiempo viene planeando el resurgimiento de su vida política, y muy probable es que la expropiación por parte del gobierno de CFK del petróleo argentino, que por su manejo estaba en manos de la petrolera española Repsol, haya herido sus más profundos sentimientos, haya sido la gota estatizadora que ha colmado su vaso privatizador.