"Tal vez el Edén, como lo quieren por ahí, sea la proyección mitopoyética de los buenos ratos fetales que perviven en el inconsciente. " Así habló Cortázar.
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13 noviembre 2012

6,7,8N y 8TN (La ignorancia como capital)

Insisto, no les creo, y como siento que hace falta, me explayaré un poco más en los motivos de mi incredulidad:
Si bien la objetividad no existe como tal en la expresión humana directa (y esto no lo digo yo sino la Antropología Social en un eterno debate jamás resuelto), es decir en la interlocución entre dos personas, ya que siempre se le imprime a la voz cierta subjetividad, y mucho menos en la expresión mediatizada porque a esa subjetividad inevitable se le suma otra más poderosa que responde a los intereses económicos que son los que en definitiva marcan el camino de todos los discursos mediáticos, aún en este escenario creo que se puede buscar en las expresiones algún atisbo de objetividad, pero difícilmente esto suceda en lo que se puede ver o escuchar en el caso de Clarín y 6,7,8.
Sin embargo debo ser justo, ya que escribí un
texto que me valió algunas críticas y el siguiente elogio: “Qué elegante cagada a pedos”. Así, como le apunté principalmente a los medios de comunicación de cada bando en esta guerra, a la propaganda de cada facción, debo ahora al menos enumerar los rasgos de la cobertura de la manifestación de uno y otro medio, y lo haré con dos apartados:

09 noviembre 2012

La difamación de la Cacerola

La cacerola siempre fue un artefacto de vital importancia en mi vida. Por lo que representa, porque la cacerola o la olla es lo que siempre hubo que parar, bancar, garantizar para que la familia pudiera comer. Mis viejos a mediados de los ochenta se encontraron más de diez veces con harina, sal, algún tomate y el fuego de un horno de barro para parar nuestra cacerola, el recuerdo me rompe el pecho de orgullo. En 2001 la cacerola fue la protagonista de la mayor manifestación espontánea del pueblo argentino, la gente sin más (ni menos) persuasión que la que le provocó la honda rabia y la profunda vergüenza, el hambre y la dignidad, salió a la calle y marchó con cacerolas como banderas, cacerolas vacías como bombos, cacerolas repletas de bronca, como honrados escudos ante la impotencia.